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Subidas y Bajadas

Las cosas me han salido muy bien en estos últimos meses. Hemos experimentado avances muy concretos en casi todos los aspectos de nuestra vida y hay razones muy concretas para ver la vida con optimismo. Y en medio de este optimismo, no puedo dejar de pensar como mi vida me ha dado una buena cuota de estos momentos tranquilos y también una buena de otros más tormentosos.   

Hoy tengo mucho más claras las causas de estos altibajos, aunque esta reflexión no es sobre sus causas sino respecto a la actitud que creo debemos mantener a lo largo de ellos, pues después de haber cometido casi cualquier error posible, por fin entendí que una vida bien vivida se vive igual de subida que de bajada, y que las mismas actitudes que nos ayudan a hacer más fácil la vida cuando parece que vamos cayendo son las mismas que nos ayudan a mantener la paz cuando vamos subiendo.  Si lo pienso con cuidado, estas se reducen a unas cuantas cosas nada más. Y si las resumo en extremo me quedan solo 3 palabras: Humildad – Trabajo – Paciencia.

En las bajadas, hay que tener humildad para hacer lo que nos toque hacer para salir adelante y no quedarnos atrapados en el lodo de la vida. Hay que tenerla para pedir ayuda cuando sea necesario. Hay que tenerla para deshacernos del equipaje extra que pudimos haber acumulado en las subidas y que en esos momentos se puede volver demasiado pesado, retrasando nuestro despegue.

En las subidas, hay que tener humildad para reconocer que solo somos depósitos temporales de divinidad y que somos canales e instrumentos a través de los cuales opera el Ser Superior. Humildad para recordar que cuando esa Divinidad abandone nuestro cuerpo, nosotros moriremos, sin importar lo bien que nos pueda estar saliendo todo en ese momento. Y humildad para reconocer que las cosas cambian constantemente, y los que están abajo hoy pueden perfectamente estar arriba mañana.  

En las bajadas, hay que hacer mucho trabajo para poder revertir la situación. La diferencia entre los que se caen y se levantan versus los que se caen y se quedan abajo, así como la velocidad con que se logran levantar, guarda una relación directa con la cantidad de trabajo que son capaces de ofrecer. Ese no es momento para perezas o descansos muy prolongados.

En las subidas, hay que poner mucho trabajo para asegurar todos los cabos sueltos que pudieron quedar en el despegue, y hay que hacer lo necesario para asegurar que se hacen las cosas requeridas para asegurar la sostenibilidad del vuelo. Asimismo, es momento oportuno para ofrecer una mano solidaria a quienes vengan atrás de nosotros, ofreciéndoles la experiencia adquirida cuando estuvimos abajo. Todo eso deja poco tiempo para perezas o descansos muy prolongados.

En las bajadas, sin importar los esfuerzos, vamos a tener que armarnos de paciencia para empezar a ver los resultados. Nada va a suceder tan rápido como nos gustaría que pase y a veces vamos a sentir que nos asfixiamos en la situación a pesar de nuestros mejores esfuerzos.

En las subidas, una vez que la emergencia ha pasado y hayamos retomado el camino hacia nuestros sueños, vamos a tener que armarnos de paciencia pues no vamos a avanzar hacia ellos tan rápidamente como nos gustaría, y mientras más grande sea el sueño, es probable que sea necesario mantener el esfuerzo por más tiempo.

En resumen, cuando las cosas van empeorando, las actitudes de humildad, trabajo y paciencia son las que nos van a permitir salir del agujero en el que cualquiera puede caer en cualquier momento. Y cuando vamos de subida, las mismas actitudes nos permiten aprovecharla mejor, no solo para nuestro propio beneficio sino también para el de todos los que de alguna forma tengan contacto con nosotros.

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