Un recorrido personal desde la rebeldía contra los números abstractos en la ingeniería hasta abrazar su poder íntimo en la madurez: presupuesto, salud y autoconocimiento. Henry Paz nos relata cómo el orden numérico se convirtió en una herramienta vital y revela el significado del "Poder del Uno" en su viaje de reconciliación.

La Reconciliación con los Números

Los números siempre me quisieron más a mí de lo que yo los quise a ellos.

Aunque siempre han estado dispuestos a revelarme sus secretos, durante mucho tiempo presté poca atención a lo que trataban de decirme.

Fue gracias a ellos que mis padres pudieron matricularme en la escuela primaria antes de la edad oficial; los resultados de las pruebas tuvieron más peso que las objeciones del psicólogo, quien dudaba de mi madurez.

Irónicamente, años después, mientras mis compañeros vivían su pubertad en la secundaria, yo sufría mis últimos años de niñez.

En un acto de inmadurez que terminó dando la razón a aquel psicólogo, decidí alejarme de todo lo que parecía impopular, incluyendo las matemáticas.

 

La Ingeniería y la ambivalencia financiera

A pesar de ese rechazo, elegí la ingeniería.

Los números volvieron a ser generosos: financié mi etapa de estudiante dando clases de álgebra, cálculo y ecuaciones diferenciales.

Mi relación con ellos era de una rebeldía silenciosa; podía sacar un 100% en un examen y un 12% en el siguiente, más por un pleito personal con la disciplina que con la materia en sí.

 

Ese desorden se trasladó a mi vida financiera.

Durante años fui irrespetuoso con mis ingresos.

Sin embargo, los números nunca me abandonaron del todo; a pesar del caos, nunca padecí una escasez real.

 

La madurez del orden: Presupuesto y Medición

Tuve que llegar a la mitad de mi vida para reconciliarme con ellos.

Hoy, el respeto es mutuo. Tengo un presupuesto, controlo mis gastos, ahorro e invierto.

Mido mis pasos, mis horas de trabajo, mi presión y mi colesterol.

En esta reconciliación, he descubierto que los números que me rodean ya no son abstractos, sino íntimos.

 

El Poder del Uno

Me atrae la fuerza del 3 para los emprendimientos y la estructura del 5. Guardo un lugar especial para el 6 y el 13, los marginados. Pero mi número fundamental es el Uno.

Una vida, una esposa, un hijo, una hija. Una fortaleza y una debilidad. Un éxito, un fracaso, un remordimiento. Un solo momento —este— que, si lo aprovecho, me guiará hacia mi sueño.

No sé si ese es el verdadero “poder del uno”, pero es una duda que se suma a la lista de cosas que vuelven la vida interesante.

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