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Primera Parte: Promesas rotas, promesas cumplidas.

En el año 2000, cuando nació mi primer hijo, nosotros vivíamos en Tegucigalpa, en un apartamentito que solo contaba con una media sala y una habitación, y estaba ubicado en la parte de atrás de la casa de mis abuelos (casa que ahora es de mi madre).

 

Cuando entré con él en brazos, un par de días después del nacimiento, le dije en voz baja que no se preocupara, que ese pequeño espacio no iba a ser su casa por mucho tiempo y que le prometía que iba a tener espacios mucho más amplios en el curso de su vida futura, al punto de que cuando ya le tocara volar con alas propias, el mundo mismo se vería con muy pocos límites.

 

Durante las dos décadas siguientes vivimos en varias casas de diferentes tamaños, pero nunca pude realmente proveerle una casa que de alguna manera se acercara a una mansión o algo parecido. En ese sentido la promesa fue rota.   

 

De manera simultánea, a pesar de que es un hombre joven (21 años al momento de escribir estas líneas), ya puede contar varias historias que demuestran que su forma de ver el mundo tiene en realidad muy pocos límites. Les comparto dos ejemplos:

 

  • Midiendo apenas 1.70 metros de altura, llegó a una escuela en Estados Unidos ya en la última parte de su educación secundaria y a pura garra, a puro esfuerzo, logró ser parte del equipo mayor (varsity) de baloncesto de esa escuela. Yo estoy seguro de que si hubiera sido yo el que llegara ese primer día de pruebas y viera que todos me llevaban 20 centímetros o más de altura, no hubiera regresado el segundo día.

 

  • En su segundo año de Universidad en este país (USA), descubrió la ocupación de Management Consulting y le fascinó. Para entender mejor esta historia deben saber que hay tres grandes empresas que dominan este mercado y que constituyen una élite que se conoce por las tres iniciales MBB (McKinsey, Boston Consulting Group y Bain & Co.). Mas abajo vienen otras que se llaman “Las cuatro grandes” (Ernst & Young, Price Waterhouse, Deloitte y KPMG). Y luego siguen muchas más que aún siendo de clase mundial, no son consideradas tan élite como las mencionadas. Obvio, esas firmas atraen los talentos más grandes de los países desarrollados y sus filas están llenas de egresados de Harvard y otras universidades similares. Por eso cuando mi hijo me dijo que estaba aplicando a las MBB yo no sabía cómo explicarle que eso era como querer jugar fútbol en el Barcelona, y que considerando su educación en Honduras y la Universidad a la que iba (buena para todo estándar, pero no de élite), las posibilidades eran ridículamente pequeñas. Al final no dije nada pues una vez más estaba decidido a que mis límites mentales no fueran los suyos, y que bueno que no abrí la boca, pues después de un largo proceso de selección logró entrar a Bain & Co. recibiendo una oferta de trabajo permanente desde ahora para el momento en que se gradúe, a pesar de que todavía le faltan casi dos años de estudio.

 

Yo no se si me engaño solo, pero yo quiero creer que algo tuve que ver para que él viera el mundo de manera tan amigable y con solo una pequeña fracción de los límites con los que yo lo miro. En ese sentido, la segunda parte de esa promesa hecha hace dos décadas la considero cumplida.

 

En el próximo artículo les cuento sobre las promesas rotas y las cumplidas a mi esposa. Hasta entonces les deseo muchas experiencias interesantes.

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