Acción de Gracias

Llegó la festividad norteamericana por excelencia y aunque para mí, nacido y criado en América Latina, la Navidad sigue siendo la reina de las festividades, es difícil no contagiarse con el grado de solemnidad con que aquí se celebra el cuarto jueves de cada Noviembre.

A raíz de eso decidí sentarme a escribir una lista de las cosas por las que me siento de alguna forma agradecido, y empecé bien, agradeciendo por lo más obvio como mi familia, mi salud, mi trabajo, y seguí recorriendo mentalmente otros aspectos de mi vida. Una cosa llevo a la otra y de pronto tenia una lista tan grande que ya no era nada práctica, y tenía aun decenas sino centenares de cosas más por añadir.

Entonces decidí detenerme. Era obvio que había muchas cosas “buenas”, así, entre comillas, en mi vida, por lo que decidí resumirlo en una sola frase que dijera “gracias por todo”. Pero ahí mismo me di cuenta de que en esa versión del “todo” estaba dejando por fuera muchas cosas, simplemente porque mi punto de vista las calificaba como “malas”, también entre comillas.

Y un ejercicio que ya me estaba aburriendo cobró vida nueva y se volvió muy interesante. Si de verdad quería seguir explorando valientemente esto era necesario que comenzara a incluir en esa lista cosas que no parecían muy buenas cuando sucedieron, pero que después demostraron ser un gran impulso en la dirección correcta.

Por ejemplo, el haber nacido en un país muy pobre y haber crecido viendo muy de cerca tantas limitaciones, podía verse como algo “malo”, pero gracias a eso tengo la perspectiva necesaria como para sentir un agradecimiento más intenso por la ausencia de esas limitaciones en mi vida y un sentido de propósito mas serio para hacer lo que pueda por cambiar de alguna manera esa situación en las personas que las sufren.

El haber experimentado el crecimiento explosivo y la quiebra de una empresa no se sintió como algo bueno mientras ocurría. Pero eso me permite ahora tener un nivel de madurez en lo que respecta a nuevos emprendimientos que mucha gente nunca podrá llegar a tener, pues solo la experiencia directa puede darlo.

Una puerta que se abrió en la cementera de mi país me regaló esperanza allá por el 2012, por lo que cuando se cerró de golpe a los pocos meses de haberse abierto me sentí muy contrariado. Sin embargo, esa puerta cerrada casi me obligó a aceptar una oportunidad en la empresa en la que trabajo ahora, misma que 5 años después me permitió venir a este país donde ahora vivo y con eso abrirle un mundo nuevo de oportunidades a mis hijos y, porque no, también a nosotros, los adultos de la casa.

Más recientemente, un problema de columna me obligó a estar viendo el techo de mi cuarto por tres semanas y eso no lo recibí como regalo mientras pasaba. Pero ese tiempo de reflexión le ha dado un impulso renovado a todo lo que quiero hacer con mi vida de aquí en adelante y ha traído un grado de madurez al que no tenía acceso antes.

Es fácil agradecer por lo “bueno” y es fácil apoyar a los que percibimos como amigos. Un truco que hay que aprender para poder vivir plenamente es descubrir que lo que percibimos como “malo” y aquellos que vemos como enemigos, pueden ser en realidad nuestros mayores regalos y nuestra mayor fuente de impulso.

En este nuevo Día de Acción de Gracias los invito a agradecer por la vida que tienen, incluyendo todo lo “bueno” y lo “malo” que hay en ella, pues ambos son los mismo y solo es cuestión de tiempo para poder verlo claramente.

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Plazos

De un tiempo acá me llama cada vez más la atención como el hecho de que la vida sea tan larga, es algo que pasa tan desapercibido para tantas personas. Es que en realidad la vida es larga. Muy larga. En serio.

Miren el caso de mi Madre, por ejemplo. Si vive 80 años no rompería ningún record de longevidad ni saldría por las noticias como la mujer más vieja del mundo o algo similar. Y, aun así, viviendo una vida de una duración tan normal, le faltarían casi dos décadas de vida. Mis hijos, sus nietos, rondarán los 40 años cuando ese momento llegue. Y ni digamos si se cumplen nuestros deseos y llega a vivir 90 o 100, edades cada vez más comunes.

Mi Esposa tiene varias tías abuelas que tienen más de 100 años y tienen hijas de 80. Mis padrinos ya eran unos señores cuando yo nací, eran amigos de mis abuelos más que de mis padres. El tiempo ha pasado y ahora nosotros nos hemos convertido en señores, y ellos siguen ahí, siempre activos, viajando y paseando.

Si alguien muere y dicen que tenía 70 años, el comentario más normal es algo como “estaba joven todavía, que lástima”. Si yo me decidiera a partir a la siguiente etapa del viaje a esa edad, que como dije, se mira todavía joven, me quedarían casi tres décadas por delante. !!Increíble!! Lo que tres décadas de avance pueden lograr, considerando que la energía podría ir disminuyendo, pero la experiencia y sabiduría aumentando. Por eso mis planes siguen siendo a largo plazo, no tengo ninguna prisa, pues aun después de todo lo vivido, el tiempo sigue estando abrumadoramente a mi favor.

No hay razón alguna por la que alguien de 60 piense que ya va siendo hora de cerrar este emprendimiento llamado vida. De hecho, me atrevo a advertirles que lo piensen muy bien, pues después ni van a saber qué hacer si se “retiran” tan temprano. Los invito mejor a replantear su percepción y comenzar a ver esos 20 o 30 años que aún tienen por vivir como una gran oportunidad, en donde podrán experimentar cosas nuevas, más arriesgadas, ya sin peligro de perjudicar a nadie, pues sus descendientes ya están a cargo de sus propias vidas, y si terminan estrellándose por andar de inventores, serán solo ustedes los que sufran las consecuencias.

Y para todos nosotros, muchachitos aun en los 50s y 40s, mi invitación es a que se relajen, disfruten el viaje, miren hacia los lados, hagan pausas continuamente, no se aceleren, que tenemos aún media vida por vivir. No hay nada que deseen lograr y que no puedan por tener “poco tiempo”. Mírenlo como otro comienzo, con un cuerpo no tan nuevo, pero compensado con creces por una madurez y experiencia que les da mucha ventaja versus los más jóvenes.

¿Y qué puedo decir sobre los todavía menores, 30s, 20s y menos? Hermanos, ustedes pueden experimentar y meter la pata cuantas veces quieran por los próximos diez años, sin que eso signifique nada en el largo plazo de sus vidas. Es más, los invito a hacerlo, constantemente. El aprendizaje que seguramente obtendrán de eso valdrá más que todos sus títulos y diplomas.

Si su corazón todavía le susurra algún sueno no cumplido y tiene 70 años o menos, póngase las pilas, que el tiempo sigue estando de su lado.

 

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Me gustan mucho los Viernes

Ayer Viernes mis hijos junto con dos amigos estuvieron en la casa haciendo unas calabazas para una celebración pagana que se acerca, y aunque a mí no me emociona mucho ese día, sí me emocionó verlos avanzar tan rápidamente a través del camino de sus propias vidas.

La absoluta certeza de que pronto mi Esposa y yo solo seremos unos espectadores de esas vidas que hace apenas unos pocos años dependían de nosotros para las cosas más básicas de su sobrevivencia, hace que todas las cosas que alguna vez decidimos no hacer para que ellos pudieran hacer las de ellos tengan sentido, valgan la pena y aun más, puedo decir con seguridad que ha sido el mejor uso posible para nuestros recursos a lo largo de estos años.

No todos, pero muchos Viernes abren ese espacio de convivencia íntima que se disfruta tanto, y lo demás se pone en pausa por algunas horas y por eso son mis días preferidos.

Pensándolo bien, creo que son mis segundos preferidos, solo después de los Lunes. Los Lunes son espectaculares, en ellos tenemos la oportunidad de avanzar un poquito hacia esa vida ideal que estamos construyendo. Cada Lunes nos da el espacio para tomar otro paso, para cerrar otro trato, para diseñar un nuevo proyecto, para aprender una nueva cosa, para poner un ladrillo o dos a este edificio de la vida, nuestra propia vida.

Ese privilegio hace que ese día se asocie siempre con un gran agradecimiento por darme el espacio de seguir avanzando hacia lo que vine a hacer aquí y creo no equivocarme si digo que ese sentimiento solo es superado por los Martes, pues ahí es donde por lo general hago el grueso de mi trabajo semanal. El Lunes abre la puerta y se va mitad en planificación y mitad en calentamiento. Ya para el Martes estoy por lo general a full vapor hacia adelante y ese ritmo se convierte en algo muy agradable, y para mí que nací con dos pies izquierdos, es lo más parecido al baile que tengo oportunidad de disfrutar.

Ahora bien, si lo sigo pensando, es el Miércoles cuando llego a la zona y el avance es por lo general sin esfuerzo, ya la inercia se encarga de la propulsión del barco y mi función cambia a dirigir y asegurarme que vayamos en la dirección correcta. Pensándolo bien, este es mi día preferido. Aunque, el Jueves tiene su magia propia, pues todo lo iniciado el Lunes, acelerado el Martes y nivelado el Miércoles, es consolidado en este día. Ya para cuando el Jueves nos visita estoy en mejor posición para sellar todo lo bueno que se hizo y analizar lo que nos salió diferente a lo esperado, corregir y ajustar lo necesario para optimizar el resultado semanal. Y sin saberlo llega de nuevo el Viernes, que como empecé diciendo, me gustan tanto por ese sabor a culminación mezclado con nuevos comienzos que ofrece.

Puede parecer indecisión y de verdad disculpen si esto que voy a comentar los confunde, pero ahora que estoy escribiendo estas líneas me parece que si lo pienso con cuidado es el Sábado mi mejor día, pues me da un adelanto de lo que mi vida ideal será. Es en ese día cuando vivo como voy a vivir cada día una vez que haya terminado de construir lo que he estado construyendo por los pasados 25 años. Las 6-8 horas de trabajo del Sábado se mezclan con la ida al supermercado, con esa película de la tarde, con la llegada de la pizza, con el par de cervecitas o la botellita de vino, la película de turno o la caminata con mi Esposa, y eso me permite experimentar lo que será mi vida muy pronto.

Y sin saberlo llega mi día favorito, el Domingo, cuando paso por lo general la mañana en soledad, recargando baterías y ajustando pequeños detalles que es difícil ver los demás días. Después de la pausa que la vida me regaló hace unas semanas, he decidido nunca trabajar más de 4 horas el Domingo y con eso me quedan 20 para ver hacia los lados y conocer un poco más a mis compañeros de viaje. Por eso creo que el Domingo es el mejor día de la semana, todo eso sin contar con que es el preludio al Lunes, que como dije antes, es mi día favorito.

calabazas 2018