Feliz Regreso al Trabajo 2019

 

Temprano en la mañana salí de mi casa manejando para mi oficina. Fue mi primer día de trabajo después de las fiestas, y supuse que muchas otras personas también estaban haciendo lo mismo.

Si usted es de los miles que se sienten infelices por este regreso, le recuerdo que sería más desdicha NO tener un trabajo. Si siente algún rechazo por todas las actividades que tendrá que hacer hoy, estoy seguro de que disfrutaría menos tener que hacer currículums y contactar reclutadores.

Mejor enfóquese en el privilegio de tener un trabajo mientras tantas personas están sin él. Recuerde cuando ha estado desempleado y lo mal que se ha sentido entonces. Y si de verdad es algo insoportable ese regreso, solo tiene dos alternativas:

  • O busca otro trabajo que le guste más
  • O inicia algo propio para que pueda hacerlo a su gusto.

Mientras tanto, respete y honre el trabajo que ya tiene.

¡¡Atrévase a ser diferente!!

Nuestro verdadero “jefe”

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Photo by Brooke Lark on Unsplash

 

A inicios de un nuevo año resulta apropiado meditar un poco sobre la forma como hemos decidido vivir nuestras vidas, y en realidad, después de todos los espejismos y complicaciones ficticias que podemos inventar alrededor de este tema, solo tenemos dos opciones:

  • O estamos en un círculo de mejora constante, en el que queremos ser mejores y vivir de mejor manera cada año que pasa,
  • O estamos atascados en una complacencia con nuestro estado actual y no buscamos la mejora permanentemente, lo que significa que muy probablemente nos vamos a ir quedando atrás en muchos aspectos de nuestra existencia, puede ser en la salud, en las finanzas, en lo actualizado de nuestros conocimientos, etc.

La imagen de que a medida que envejecemos vamos perdiendo sintonía con el mundo “moderno” es demasiado común, tanto que se ha convertido en la regla, como si ese proceso de obsolescencia fuera de alguna manera obligatorio e inevitable. Pero no es obligatorio, es perfectamente evitable, y la llave para abrir la puerta de escape a esa trampa es identificar si el verdadero jefe de nuestras vidas somos nosotros mismos o es alguien más. Y me temo que esas son las únicas dos opciones.

Me imagino que la respuesta inmediata, casi automática, es que los jefes de nuestras vidas somos nosotros mismos, pero veamos esto en más detalle para confirmar si en realidad ese es el caso.

Cuando tenemos un empleo y nos comprometemos con nuestro jefe para hacer algo, sabemos que si no lo hacemos bien y a tiempo vamos a pasar un mal rato. Por lo tanto, le damos mucha seriedad a esa promesa y no hay pereza, familia o muchas veces ni enfermedad o imprevisto que nos detenga. Cuando nos comprometemos con nosotros mismos a hacer algo, ¿le damos la misma seriedad a la promesa o caemos víctimas de la cultura “esque” (es que no tuve tiempo, es que llamé pero no me contestaron, es que me fui pero estaba cerrado, es que, es que, es que…)?

Cuando el sacerdote (o el pastor/rabino/gurú, etc.) nos pide que hagamos algo en la iglesia, por lo general dejamos todo de lado para demostrar que nuestro compromiso con la causa celestial es muy fuerte, y nos aterroriza la vergüenza que nos causaría si le quedáramos mal a alguien que por lo general se considera de alguna forma “mejor” que nosotros, o al menos más avanzado en el camino espiritual. Cuando usted hace una resolución similar con usted mismo o con su familia, ¿le aterroriza de la misma forma la vergüenza que le causaría con usted mismo el no cumplir lo prometido?

Cuando nos matriculamos en un curso o si estamos estudiando en el colegio o la universidad, asistir a clases, hacer las tareas y aprobar los exámenes son actividades que revisten un alto grado de seriedad e importancia. En el internet podemos encontrar toneladas de información de forma 100% gratuita. Cuando decidimos aprender sobre algo de forma autodidacta, ¿le damos la misma seriedad a ese estudio que al formal de la escuela?

De sus respuestas a estas preguntas y otras similares es que en realidad va a saber si usted vive su vida en sus propios términos o si ha renunciado a ese derecho y ha entregado su soberanía a fuerzas externas como la procrastinación, la pereza o la presión social.

Si descubre que su caso es el segundo, la mala noticia es que a menos que cambie eso, va camino a convertirse en el típico viejo obsoleto. La buena noticia es que independientemente de su edad, aun si ya fuera un viejito obsoleto, y ni digamos si aun está en las etapas tempranas de la vida (18-65 por dar un rango de juventud), puede cambiar eso con solo tomar la decisión de hacerlo.

Hoy, que solo han pasado 6 días del nuevo año, es un inmejorable momento para decidir hacerlo.

Mentalidad de ahorro o de escasez

 

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En mi familia, así como Diciembre trae los regalos, el árbol de navidad y las cenas en familia, Enero trae mucha planeación, a nivel personal relacionada con crecimiento personal y a nivel familiar relacionada con las finanzas.

Este año estábamos recorriendo el registro de lo ganado, ahorrado, invertido y gastado en el 2018, solo como referencia pues cada año comenzamos de una base cero. Así fuimos viendo cada renglón de los registros y tratando de adaptar cada uno a la realidad que esperamos vivir este año.  Uno de los objetivos es subir el porcentaje de ingresos que se destinan al ahorro y parte de ese adicional deberá venir de un aumento en nuestros ingresos de familia y otra parte de una disminución en nuestros gastos. Todo iba avanzando muy bien hasta que en una pausa en medio del análisis me di cuenta de algo que hasta ese momento no había notado, y es que cuando se están buscando ahorros y recortes en un presupuesto personal o familiar, se pueden seguir dos caminos que nos podrán llevar al mismo número final, pero con una vibración muy distinta uno de otro.

Podemos seguir el camino de la escasez, pensando que el ahorro es un fin en sí mismo, que hay que tener el dinero ahorrado guardadito y seguro para siempre, que el gasto es algo intrínsecamente malo, que cualquier lujo debería estar prohibido, y que la razón por la que no vamos a comprar un carro nuevo o no vamos a tomar vacaciones en el destino deseado es porque no podemos, porque no tenemos suficiente para hacerlo. Y así, de manera sufrida y sintiéndonos limitados y de alguna forma hasta insuficientes, llegaremos a un monto de ahorro X.

Por otro lado, podemos seguir el camino de la abundancia, convencidos de que hay suficiente de todo, y lo que estamos definiendo es un uso racional de nuestro dinero, simplemente alineando estos usos con objetivos específicos. Si escogemos este camino, el dinero se ahorra para poder realizar futuros gastos más grandes sin recurrir al crédito o para acumular los montos suficientes que permitirán realizar inversiones para generar nuevas fuentes de ingreso en el futuro. Las mismas decisiones de no comprar un auto nuevo este ano o de no tomar esa vacación muy cara no se relacionan con ningún tipo de limitación o escasez, sino con decisiones tomadas voluntariamente por personas conscientes que han entendido como se juega este juego, lo que abre la posibilidad a ir mejorando sus vidas poco a poco. Y de esa forma llegaremos al mismo monto X.

En resumen, me di cuenta de que no es el número final el que importa, o al menos no tanto como el camino que sigamos para llegar ahí. Para mi este es otro ejemplo más de como la llegada no importa tanto como el viaje. ¡Un abrazo!