2: ¡Mi Esposa tiene canas!

Hoy la vi mientras dormía y noté que varios rayos blancos están creciendo en su cabeza. Noté también que las líneas de expresión se están convirtiendo en arrugas y su piel muestra algunas manchas. Ya no es la misma de antes y créanme, sé de lo que hablo, pues la conocí cuando era una niña, me enamoré de ella cuando recién salía de su adolescencia y nos casamos cuando apenas pasábamos los veintes. Si alguien puede opinar sobre el tema soy yo, y sin miedo a equivocarme digo que ya no es la misma persona que era cuando nos casamos.

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Yo siempre me he considerado una persona inteligente, y para ser tan inteligente como me creo he tomado demasiadas malas decisiones. En mis estudios, en mis empleos, en mis aventuras emprendedoras, hay tantas cosas que he hecho mal. Cuando escucho a la gente decir que si tuvieran la oportunidad de volver a nacer no harían nada distinto, yo me río porque si me la dieran a mí haría casi todo diferente. Hubiera jugado más deportes, hubiera sacado mejores calificaciones, hubiera al menos intentado estudiar en mejores universidades, no hubiera saltado de empleado a emprendedor tan temprano y no hubiera querido hacer crecer mi empresa tan rápidamente como lo hice, hubiera buscado mejores socios, hubiera gastado menos y ahorrado más, hubiera invertido desde muy joven en bolsa de valores y bienes raíces. Si tuviera la oportunidad de volver a vivir mi vida sabiendo lo que sé ahora, no me casaría con mi Esposa a los 26 años como lo hice. Lo haría antes, en cuanto fuera legal hacerlo, pues el riesgo de perderla sería demasiado alto y mi vida sin ella sería mucho menos interesante.

Ella ha estado ahí, trayendo orden a mi caos, generando pausa y silencio a mi locura, siempre apoyando sin pedir nada, poniendo en pausa su vida cuantas veces sea necesario si eso es lo que más conviene a la familia. Aguantar este sabelotodo, a veces gruñón y a veces insoportable, mirando siempre el futuro y muchas veces obviando el presente, soñando en grande y constantemente subestimando los detalles, con poca empatía natural y absolutamente iletrado en las cosas cotidianas. Eso es trabajo de diosas o mínimo heroínas.

Veinte años, dos hijos, un perro, siete mudanzas, tres ciudades, dos países, cuatro empleos, tres empresas, tres intervenciones quirúrgicas y una bancarrota después, aquí sigue a mi lado y yo al de ella. Me sigue agarrando la mano cuando caminamos, seguimos escapándonos cada vez que podemos, seguimos soñando juntos y seguimos trabajando juntos, cada uno a su estilo, para alcanzar esos sueños. ¿Les conté que tiene canas y arrugas ahora? ¿Signos de vejez? Puede ser.

Para mí son medallas de oro, estrellas de geneIMG_1128ral del ejército, mapas detallados del camino recorrido y un recordatorio indeleble de todo lo que hemos compartido. Me encantan, y no las cambiaría ni por 1.2 billones de dólares.

1: Introduccion

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Bienvenidos a mi espacio digital.

Lo he abierto por razones muy egoístas. Me gustaría decir que lo hice para mejorar el mundo de alguna forma, para compartir mis amplios conocimientos sobre un tema o para servir a alguna buena causa. Pero en realidad lo abrí solamente para tener un espacio donde poder expresarme libremente. Cualquier cosa buena que salga de aquí será pura casualidad y de antemano niego cualquier responsabilidad sobre ella.

 

Soy un enamorado de la vida. De la vida real, de esa que te saca lágrimas. Irónico que solo haya llorado tres veces en los últimos 20 años, y las tres coinciden con un nacimiento. Lloré cuando nació mi hijo, lloré cuando nació mi hija y lloré cuando nació un cálculo renal que tuve que expulsar hace más de una década. Tal vez sea por esta escasez de lágrimas que solo envidio a los que lloran por todo. Siempre he creído que ellos viven más intensamente que yo.

 

Soy un viajero empedernido y lo hago constantemente. He hecho viajes muy interesantes en auto y aún más interesantes en avión. Sin embargo, prefiero los que hago con mis planes hacia el futuro y con mis recuerdos hacia el pasado, y estoy al tanto de que es en el presente donde los estoy disfrutando.

 

Debo confesar también que a veces tomo cosas sin el permiso de sus custodios, y léase bien que dije custodios no dueños, pues esos dos no siempre son la misma persona. La foto de este post es un ejemplo perfecto. Intenté averiguar quién es su custodio, pero no pude. Sin embargo, les aseguro que soy yo su dueño pues me describe tan perfectamente que quien sea que la tomó seguramente estaba pensando en mí, aunque nunca me haya visto en su vida. Desde que recuerdo he estado ensayando proyectos, tratando de averiguar cómo funcionan las cosas y descifrando por qué las cosas suceden como suceden. Si me tocara definirme diría con confianza que soy simplemente un empleado y diría además que tengo dos empleos: buscador y hombre de familia. En mis ratos libres trabajo, los fines de semana estudio por las mañanas y por las tardes me ocupo en proyectos que tal vez nunca lleguen a ver la luz del día, aunque nunca se sabe.

 

He sido tan bien tratado en esta ronda que prácticamente no tengo ningún deseo. De la larga lista con que empecé este tramo del camino hace 45 años, solo me quedan tres cosas por lograr: un título de alguna universidad Ivy League, un mercedes benz G550 negro mate y un valor neto de 1.2 billones de dólares. Las primeras dos son egoísmo puro. La tercera, extrañamente, no. Difícil de creer, pero ese dinero no es para mi o mi familia, nosotros tenemos todo lo que necesitamos y en este momento en este planeta eso es un gran mérito y un privilegio. Ese dinero es para permitir que personas por lo menos 15% más inteligentes que yo puedan caminar la ruta idea-proyecto-empresa para generar, o bien nuevas soluciones a viejos problemas, o bien viejas soluciones a nuevos problemas.

 

Los dejo por ahora pues mis empleos me llaman. Hasta la próxima.