Yo se que el mundo esta lleno de frases motivacionales que dicen que lo malo pasa por una razón o que no hay mal que por bien no venga, pero esto que escribo aquí va mucho mas allá de eso.
No es una creencia o algo que me ayuda a mantenerme motivado. Es algo más íntimo, más profundo. Es el amanecer en mi conciencia de la certeza de que no hay nada malo en realidad, y que lo que interpretamos como “malo” es solo algo que se aleja de nuestros planes y del apego que sentimos por ellos.
Y, aun así, sigo creyendo que tenemos que planificar, tenemos que construir mentalmente la vida que creemos merecer, y tenemos que trabajar proactivamente y con constancia para construirla. Si entendemos que no hay una línea recta a esa vida ideal sino un camino lleno de curvas será más fácil disfrutar ese camino, aunque a veces parezca que vamos en la dirección contraria a la que deseamos. Esta es la dimensión practica de la vida, y es la más sencilla.
También estoy comenzando a descubrir una dimensión mágica de la vida, oculta e inmune a cualquier intento practico por influenciarla.
Esta dimensión es contraintuitiva y las relaciones de acción y reacción a las que estamos acostumbrados en la dimensión práctica, o no se aplican del todo o se aplican de una forma diferente. Mi intuición me dice que es aquí donde nosotros mismos definimos el destino final al que queremos llegar, y el truco está en aprender a como platicar con esta parte de nuestra existencia para poder alinear lo práctico y lo mágico.
Si la vida es un baile, es uno que se baila entre dos: lo práctico y lo mágico, lo visible y lo invisible.
Yo soy muy malo bailando, pero algo me dice que si quiero llegar a donde quiero, voy a tener que aprender al menos un par de pasos de esta danza.