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Mis Alas

Cuando yo era un adolescente me emocionaba al leer el “Poema A Gloria” de Salvador Díaz Mirón, lo que indicaba claramente que mi energía y mi consciencia vibraba en similar frecuencia que la del poeta mexicano.

 

Parafraseando este poema, yo también miraba éste como un valle de lágrimas, y me miraba a mí como un león joven apurado por empezar a conquistarlo, muchas veces queriendo correr más rápido de lo que mis habilidades o mis recursos de aquel momento permitían.

 

Un fragmento de ese poema tenia especial efecto en mí, pues yo también tenía esa tendencia a despreciar peligros y a confiar en mis instintos:

 

Fiando en el instinto que me empuja,
desprecio los peligros que señalas.
El ave canta aunque la rama cruja,
como que sabe lo que son sus alas.

 

Hoy, a inicios de este nuevo año 2022, y a punto de llegar al medio siglo de mi vida, sigo disfrutando de este poema y sigo confiando en mis alas, pero lo hago desde una perspectiva diferente, diría yo que más amplia, más completa.

 

Ahora sé que en efecto la rama de la vida va a crujir muchas veces, y que eso no significa que éste sea un valle de lágrimas. Esos crujidos no son algo malo o un error que debemos tratar de evitar a toda costa, sino que es una característica importante de esta realidad.

 

También se que en efecto las alas están ahí para asistirnos cuando la rama se tambalee o incluso llegue a quebrarse. Pero más joven creía que esas alas eran solamente mis propios recursos, mis propias habilidades, mi carácter, mi voluntad de trabajo, etc.

 

Hoy veo claramente que esa definición de alas era incorrecta, o al menos, incompleta.

 

Cuando la rama cruje, en realidad son las alas las que nos permiten seguir avanzando, pero esas alas son mucho más grandes que yo mismo. Esas alas no derivan su fuerza solo de mis habilidades, sino que son el resumen de un esfuerzo colaborativo que incluye a muchas personas y cubre muchas décadas de esfuerzo, dedicación y sacrificios.

 

Mis alas se construyeron cada vez que alguien decidió dejar de invertir su tiempo en él mismo para invertirlo en mí. A su construcción contribuyó cada vez que alguien decidió no usar su dinero para su propio disfrute y decidió usarlo para el mío.

 

Hoy sé que mis alas también incluyen cada desvelo, cada cuidado, cada enseñanza, cada dólar invertido en mí por mis padres, mis abuelos, mis tíos y todas las otras personas con las que crecí.

 

Hoy comprendo que mis alas son el apoyo de mis amigos, los de aquellos tiempos y los de ahora. Mis alas incluyen también a mis maestros, a mis compañeros de estudios, a las personas que creyeron en mí lo suficiente como para darme un trabajo y a quienes se tomaron el tiempo en esos trabajos para compartir su experiencia conmigo mientras era un novato inexperto.

 

Incluye igualmente a cada persona que alguna vez se ha opuesto a la realización de mis planes, pues sin ellos no hubiera desarrollado la perseverancia, la resiliencia y la fortaleza mental necesaria para avanzar y mejorar.

 

Y por supuesto, incluye también a todas las personas que alguna vez me han hecho daño, pues sin su aporte me sería imposible practicar el perdón y no hubiera podido desarrollar la perspectiva que hoy me permite disfrutar tanto de mi vida.  

 

Mis alas están ahí para asistirme cuando la rama cruja, pero no son mías solamente ni las hice solo. Mis alas son el testimonio de décadas de esfuerzo conjunto, de experiencias acumuladas de varias generaciones, de una comunidad sin la cual sencillamente no existirían, o, en el mejor de los casos, fueran mucho más débiles.

 

Por todo lo anterior, cuando sintamos la tentación de creernos los súper-héroes de nuestra propia novela, cuando nos sintamos muy llenos de nosotros mismos y la prepotencia o la altanería amenace con invadir nuestro campo energético, recordemos que solo somos un actor de reparto más, con una corta escena en esta película cósmica, y únicos e irremplazables como somos, no seríamos nada sin los otros actores con quienes compartimos el escenario, no seríamos nada sin todo el apoyo que hemos recibido de tanta gente desde el momento en que nacimos.

 

Algunas veces la vida nos premia con la oportunidad de devolver un poquito de lo recibido a esas mismas personas de quienes lo recibimos y mi invitación es a hacerlo tan pródigamente como nos sea posible. En otras ocasiones esas personas parten de nuestra vida antes que podamos devolverles el favor. En esos casos podemos devolver el favor a alguien más, a otra persona que pueda necesitarlo. De cualquier forma, cerrar esos ciclos es una inmensa fuente de satisfacción que creo que no es aprovechada lo suficiente en estos años que estamos viviendo. ¿No creen que valga la pena al menos intentar revertir esa tendencia?

 

 Les deseo a todos un año 2022 lleno de experiencias interesantes.

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