Finanzas en equilibrio: Más allá de los números
En mi familia, así como Diciembre trae los regalos, el árbol de navidad y las cenas en familia, Enero trae mucha planeación, a nivel personal relacionada con crecimiento personal y a nivel familiar relacionada con las finanzas.
Este año estábamos recorriendo el registro de lo ganado, ahorrado, invertido y gastado en el ano anterior, solo como referencia pues cada nuevo ciclo comenzamos de una base cero.
Así fuimos viendo cada renglón de los registros y tratando de adaptar cada uno a la realidad que esperamos vivir este año.
Uno de los objetivos es subir el porcentaje de ingresos que se destinan al ahorro y parte de ese adicional deberá venir de un aumento en nuestros ingresos de familia y otra parte de una disminución en nuestros gastos.
Todo iba avanzando muy bien hasta que en una pausa en medio del análisis me di cuenta de algo que hasta ese momento no había notado, y es que cuando se están buscando ahorros y recortes en un presupuesto personal o familiar, se pueden seguir dos caminos que nos podrán llevar al mismo número final, pero con una vibración muy distinta uno de otro.
Podemos seguir el camino de la escasez, pensando que el ahorro es un fin en sí mismo, que hay que tener el dinero ahorrado guardadito y seguro para siempre, que el gasto es algo intrínsecamente malo, que cualquier lujo debería estar prohibido, y que la razón por la que no vamos a comprar un carro nuevo o no vamos a tomar vacaciones en el destino deseado es porque no podemos, porque no tenemos suficiente para hacerlo.