Este día vamos a arrebatar de la ciencia médica la tarea de analizar los signos vitales de alguien y vamos a reclamarlos para otras disciplinas más interesantes, por lo menos a mi gusto.
Signos vitales más allá de la medicina
Hoy no vamos a ver la presión arterial, el pulso, la respiración o cosas similares, para definir si alguien esta vivo o no.
Y es que después de pensarlo por varios años he llegado a concluir que es fácil estar muerto y sin embargo pasar cualquier examen médico como los que acabo de mencionar.
Las películas de zombis, que tanto gustan a tantas personas, son representaciones más cercanas a la realidad de lo que muchos nos damos cuenta.
En realidad, si analizamos de verdad a nuestras sociedades, nos damos cuenta de que bien puede ser que ese apocalipsis zombi ya haya ocurrido, y que estamos todos viviendo en esta etapa en la que muertos y vivos conviven y coexisten diariamente.
La pérdida del asombro ante lo cotidiano
¿Cuándo perdimos la capacidad para sorprendernos por la fiesta del amanecer, en la que toda la creación, desde la estrella máxima que llamamos Sol conspira con Eolo el dios del viento, reclutan a árboles, pájaros y hasta insectos para montar un espectáculo que debería dejarnos sin aliento, en una fiesta de luces, sonidos, olores y sensaciones del más alto nivel en este planeta?
Estamos muertos si no lo disfrutamos, estamos muertos si lo vemos de menos y repugnantemente escogemos estar encerrados en una habitación y amarrados a una cama.
¿Cuándo perdimos el poder de conmovernos ante el gesto del hombre común que se esfuerza a diario para mejorar, para ser mejor persona y para dejarles a sus hijos un mejor mundo que el que heredó de sus padres?