La esclavitud de las circunstancias

A lo largo de mi vida he tenido períodos en los que parece que las estrellas se alinean en mi contra. Nada me sale bien y poderosas fuerzas como el azar o el destino parecen trabajar en mi contra.

Eventualmente los vientos cambian y parece que todo lo que toco se convierte en oro, la buena suerte me acompaña y de la “nada” salen aliados que hacen que los planes se conviertan en realidad con relativamente poco esfuerzo de mi parte.

Tuve que pasar por 25 años de estas experiencias para poder entenderlas mejor y corregir algunos de mis comportamientos que hacían peor los momentos malos y menos agradables los buenos. Se necesitó un nuevo período tormentoso, que me visitó entre junio y septiembre del 2018, para poder realmente internalizar estas valiosas lecciones. Esto es lo que aprendí en ese período:

  • Aprendí que la vida es un juego mental en primera instancia, y el juego físico, aunque importante, es secundario.

 

  • Aprendí que tratar de corregir lo que uno percibe como no-deseable en su vida mediante esfuerzo físico, que en mi caso toma la forma de largas jornadas de trabajo, sin atender el juego mental que lo acompaña, es como cuando necesitamos imprimir 100 copias de una carta y al comenzar la impresión nos damos cuenta de un error y nuestra reacción es corregir una a una cada nueva copia impresa, sin recapacitar que si cambiáramos el documento original en el procesador de textos de la computadora, el error dejaría de manifestarse automáticamente y sin esfuerzo.

 

  • Aprendí que el juego mental es un juego de atención. Lo perdemos cuando nos enfocamos en lo que NO tenemos, en aquellas cosas que nos dan miedo o en aquellas circunstancias que parecen fuera de nuestro control. Mientras más atención le demos a estos aspectos “negativos” (así, entre comillas pues nada es negativo en realidad), más fuerza les damos sobre nuestras vidas.

 

  • Aprendí que ganamos el juego mental cuando independientemente de las circunstancias que nos rodeen, somos capaces de mantener nuestro enfoque en nuestros sueños, en nuestras aspiraciones, en las cosas que deseamos, en las cosas que SI podemos controlar.

 

  • Aprendí que ese mundo mental es nuestro propio procesador de textos. Ahí es donde se escribe el libreto original de nuestra vida, y es ahí donde debemos hacer las correcciones que consideremos necesarias. La “realidad” (así también entre comillas), es solo un subproducto de ese libreto.

 

  • Aprendí que el trabajo físico puede ser cansado y difícil, sin embargo, aprendí que es mucho más difícil poder mantener el enfoque en las cosas que deseamos cuando se tiene enfrente una batería de circunstancias contrarias a nuestros deseos. Casi de manera espontánea, involuntaria e inconsciente, cuando esas circunstancias aparecen, nos obsesionamos con ellas, al punto que no podemos pensar en nada más. Cuando eso ocurre, nuestro esfuerzo más importante debe ser para quitarle la atención y volver a concentrarnos en nuestro procesador de textos para reescribir lo que no nos está gustando.

Con toda sinceridad creo que ese es el trabajo más difícil que se nos puede pedir hacer, y por eso, quien lo aprende, tiene la responsabilidad de compartirlo con cuantas personas pueda, pues de esa forma estará contribuyendo de una manera muy concreta a la construcción de un mundo mejor.

Cuando en septiembre 2018 logré ver estos puntos, aun en medio de la tormenta que me estaba cayendo, de manera inmediata y como por arte de magia las cosas comenzaron a mejorar. Las circunstancias más complejas se resolvieron, los obstáculos más grandes fueron removidos, y tal vez el más importante de todos los cambios experimentados durante ese período es que mi aceptación de lo que estaba pasando, así como de todas las cosas “malas” (sí, de nuevo entre comillas), que podía imaginarme en mi futuro, creció a un nivel hasta el cual ya no importaban más, pues pasara lo que pasara, tenía la absoluta convicción de poder cambiarlo simplemente reescribiendo el libreto en mi mente y en mi corazón. En menos de 60 días recuperé mi salud, recuperé mi estabilidad, recuperé mi habilidad para seguir construyendo mi vida ideal sin distracciones.  

Aun no he llegado al punto donde veo mi futuro con certeza absoluta, pero con toda seguridad ya llegué a la estación intermedia desde donde lo veo como la materialización exacta de las cosas que mayor bien van a hacerle a mi alma en su camino eterno. Lo veo con la absoluta confianza que me da mi papel de co-creador y aun si me distraigo de nuevo y empiezo a concentrarme en las cosas que no quiero, comprendo claramente donde debo poner mi atención para cambiar esas circunstancias a otras más en línea con mis deseos.

Aunque falta mucho camino por recorrer, ya empiezo a sentir lo que se siente ser libre de la más grande esclavitud de nuestros tiempos: la esclavitud de las circunstancias. Y eso no lo cambiaría ni por 1.2 billones de dólares.

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