A lo largo de mi vida me he sentido agradecido por muchas cosas y lo tengo tan presente que con facilidad puedo incluso categorizar esas experiencias.
En la primera categoría, he experimentado eventos espectaculares por los cuales voy a estar intensamente agradcido por el resto de mis días. Haber encontrado a la pareja de mi vida, las experiencias que he compartido con mis hijos por todos estos años, fundar mi primera empresa y verla crecer y expandirse.
Luego, he experimentado un segundo nivel de gratitud, que puede ser igual de intenso, pero de vida más corta. Recuerdo por ejemplo cuando compré mi primer automóvil. Aunque he tenido mejores modelos
desde entonces, nunca se ha repetido esa sensación que
sentí la primera vez que maneje ese Toyota Corolla 1989, asientos de tela, pero aire acondicionado y ventanas eléctricas.
¡Me sentía en una limosina! Sentí lo mismo cuando abrí esa carta que me decía que me había ganado esa beca y con eso complete el dinero que necesitaba para pagar por mis estudios de maestría. O cuando recibí la primera oferta de trabajo después de esos estudios por 4.5 veces más dinero que el que ganaba en mi anterior trabajo.
Pero últimamente
he estado notando un tercer nivel de gratitud, que es mucho menos intenso pero que parece que está siempre presente. Lo curioso de ese sentimiento (que a decir verdad no sé si califica como sentimiento,
pero usemos esa palabra por falta de una mejor), es que parece que no es provocado por nada específico, y parece que las contrariedades solo lo opacan por ratos, pero no llegan a apagarlo.
El día de hoy ha sido particularmente obvio, al punto que me pregunto si es real o si me estoy engañando
solo. No ha sido una semana particularmente buena, tampoco ha sido mala, digamos que ha sido promedio. En mi empleo no ha habido nada fuera de lo normal, en mi vida personal tampoco, en las actividades
“extracurriculares” que estoy impulsando
ha habido
avances, pero nada espectacular digno de mencionar como poco común. Y sin embargo me siento completa y totalmente agradecido. No por algo en particular, pero por todo y por nada al mismo tiempo. No estoy haciendo mucho sentido, así que
déjenme ponerles un ejemplo.