La paradoja de las dos velocidades
Como siempre ocurre, este año vino y se fue muy rápidamente. Recuerdo claramente la navidades pasadas y todas las expectativas para este año, y en dos parpadeos aquí estoy, evaluando los avances logrados y planificando el futuro. Aunque los pasados 365 días parece que volaron, al verlos en más detalle, estuvieron tan llenos de eventos, cambios, problemas y celebraciones, que da la sensación de que hubiera pasado más de un año.
En realidad, puedo decir lo mismo de toda mi vida, en la que los días y las semanas parecen durar minutos, pero al ver más en detalle los años y hasta las décadas pasadas, están tan llenas de eventos, que me dejan con la sensación de que el tiempo se mueve muy lentamente.
Por lo anterior me doy cuenta de que todos nosotros estamos inmersos en una corriente del tiempo que avanza a dos velocidades. En la superficie se mueve muy rápido, en lo profundo se mueve lentamente, y de aprender a movernos acorde con cada una, depende cuanto avancemos en la vida.
La corriente superficial: El poder de la Urgencia
En la superficie, en el día a día, en el corto plazo, necesitamos movernos rápidamente, pues el ritmo del tiempo vuela a ese nivel. No deje para mañana lo que puede hacer hoy, ni siquiera deje para más tarde lo que puede hacer ahora. Por supuesto que es necesario planificar, no estoy diciendo aquí que brinque como loco de actividad en actividad. Pero una vez planificado, hágalo en tiempo y forma, sin excusas. También hay que moverse muy rápidamente para atender los imprevistos que siempre vendrán. Haga esa llamada, mande ese correo, vaya a hacer esa visita, en el momento en el que sea necesario hacerlo, y ni un minuto más tarde. En esta corriente rápida la palabra clave es URGENCIA y es la que nos permite alcanzar los pequeños logros diarios, semanales y anuales.