Ahora me resulta más evidente que nunca que la vida se compone de muchos ciclos, unos de corta duración, tomando apenas horas en completarse, otros toman días o semanas, mientras que otros requieren años y aún hay otros tan largos que ni siquiera podemos percibirlos desde nuestra perspectiva humana de tan solo unas pocas décadas de duración.
La realidad en cuatro dimensiones
La vida me ha mostrado muy claramente como lo que percibimos como altos y bajos en nuestro camino no es más que el reflejo en cuatro dimensiones (ancho, largo, alto y futuro), de algo mucho más grande, de un ciclo de constante enseñanza, por medio del cual la vida, o la imagen que cada uno tenga de Dios, nos imparte las lecciones necesarias para crecer.
Del carbón al diamante: El viaje de la conciencia
Todos estamos recorriendo un viaje, ya sea que nos demos cuenta o no, que nos va a llevar desde los niveles de conciencia cercanos a los animales, donde la existencia diaria es una constante lucha por sobrevivir, hasta los más elevados niveles de auto realización, donde, siguiendo los patrones del carbón que se cristaliza en diamante, nosotros también llegaremos a realizar nuestro cristo interior.
Pero no es un viaje en línea recta. Ese sería un viaje muy aburrido para el creativo diseñador de este universo.
Es una larguísima cadena de ciclos que se anidan unos dentro de otros, y que hacen que pasemos por situaciones parecidas una y otra vez, y sin embargo las experiencias y las lecciones que derivamos de ellas, de alguna forma no son nunca las mismas.
Micro-ciclos: La batalla diaria contra la inercia
Cada día amanece, y comenzando con la primera batalla del día contra el colchón y las cobijas, hasta cuando toca retirarse a descansar por la noche, es un constante ciclo de decisiones que nos va a llevar, si “fracasamos”, a postponer las actividades más importantes, dejando para mañana lo que bien pudimos hacer hoy, o, si tenemos “éxito”, a hacer lo que ese día tenemos que hacer, en un espiral ascendente que nos llevará poco a poco hasta donde nuestra visión para ese día y nuestra diligencia nos lo permitan.
Cada nuevo día es un ciclo de prueba y “error”, de constantes micro fracasos y ocasionales “éxitos”.