¿Qué tal Mamaíta? Estoy seguro de que estás pensando que mosco le pico a este que me está escribiendo después de 44 años que me fui de ahí, y estoy claro que es raro, pero es que tengo algo importante que contarte.
Yo no te conocí realmente, tenía 10 años cuando moriste y todos los recuerdos tuyos vienen de dos fuentes: una foto blanco y negro en la que salís sentada en la boda de mi tía Brenda y varios comentarios que me hacia mi papa cuando yo era un niño.
Uno de ellos era algo que le marco la vida entera y que tal vez vos nunca supiste. Resulta que el tenía pocos años, no estoy seguro cuantos, pero él llegaba a tu puesto de queso y mantequilla en el mercado Los Dolores y quería ayudarte a cortar el queso en el peso correcto para algún cliente.
Me contaba que vos le miraste fijamente mientras le quitabas el cuchillo de la mano y le dijiste: “Anda estudia mijo, aquí está todo cubierto, no te preocupes, te aseguro que nos vas a ayudar más a todos si estudias y te haces profesional que si cortas una libra de queso aquí. Camina para la casa y ponete a estudiar. Ese es tu trabajo. “
Me contaba que eso sucedía mientras constantemente en el puesto vecino, operado por Luisa Centeno, ella le gritaba a sus nietos cuando los miraba con un libro: “veni trabaja haragán, que de los libros no vamos a comer. “
Yo siempre he creído que eso hizo toda la diferencia en su vida y en las generaciones que siguieron.
Pero hay algo más. Otro evento que me repetía mi viejo a cada rato.
Historias reales que merecen tomarse su tiempo en analizarlas (genuinamente).
Saludos Henry !!