¿Qué tal Mamaíta? Estoy seguro de que estás pensando que mosco le pico a este que me está escribiendo después de 44 años que me fui de ahí, y estoy claro que es raro, pero es que tengo algo importante que contarte.

Yo no te conocí realmente, tenía 10 años cuando moriste y todos los recuerdos tuyos vienen de dos fuentes: una foto blanco y negro en la que salís sentada en la boda de mi tía Brenda y varios comentarios que me hacia mi papa cuando yo era un niño.

Uno de ellos era algo que le marco la vida entera y que tal vez vos nunca supiste. Resulta que el tenía pocos años, no estoy seguro cuantos, pero él llegaba a tu puesto de queso y mantequilla en el mercado Los Dolores y quería ayudarte a cortar el queso en el peso correcto para algún cliente.

Me contaba que vos le miraste fijamente mientras le quitabas el cuchillo de la mano y le dijiste: “Anda estudia mijo, aquí está todo cubierto, no te preocupes, te aseguro que nos vas a ayudar más a todos si estudias y te haces profesional que si cortas una libra de queso aquí. Camina para la casa y ponete a estudiar. Ese es tu trabajo. “

Me contaba que eso sucedía mientras constantemente en el puesto vecino, operado por Luisa Centeno, ella le gritaba a sus nietos cuando los miraba con un libro: “veni trabaja haragán, que de los libros no vamos a comer. “

Yo siempre he creído que eso hizo toda la diferencia en su vida y en las generaciones que siguieron.

Pero hay algo más. Otro evento que me repetía mi viejo a cada rato.

 El quería ser abogado, y para ganar alguna experiencia había conseguido un trabajo en un bufete local, pero el problema es que todo lo que hacía era barrer el local.

Un día decidió renunciar y en tu casa algunos estaban en contra de eso. Vos le dijiste: “esta bueno hijo, aquí trabajamos duro para que vos no tengas que barrerle el piso a nadie. “

Él me contaba que esos dos eventos le dieron suficiente confianza para aplicar a una beca LASPAU que terminó ganándose y se fue a estudiar a los EEUU y eso le cambio la vida a él, por extensión a mí y por extensión a mi hijo, tu tataranieto.

¿Qué crees que paso esta semana? Ese tataranieto fue aceptado a la Universidad de Harvard. Sip, así como lo oís.

Como dije al principio de esta carta, casi no te conocí realmente, pero apostaría todo lo que tengo que ni en tus más locos sueños podías ver eso desde tu puesto en el mercado donde trabajaste tantos años.

Yo te confieso que tampocose miraba tan claro desde la ventana de los buses Loarque-Lomas que tomaba a diario para ir a mi Universidad allá en Tegus.

No sé si estoy atando cabos que no existen, pero algo me dice que nada de eso hubiera sido posible sin el efecto que causaste en mi viejo, y por eso te doy las gracias hasta donde estes.

Ojalá que sea cierto el cuento cristiano de la recompensa después de la muerte a una buena vida, porque según entiendo vos te la ganaste con creces.

One Response

  1. Historias reales que merecen tomarse su tiempo en analizarlas (genuinamente).

    Saludos Henry !!

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