Más allá del pavo y la tradición
Llegó la festividad norteamericana por excelencia y aunque para mí, nacido y criado en América Latina, la Navidad sigue siendo la reina de las festividades, es difícil no contagiarse con el grado de solemnidad con que aquí se celebra el cuarto jueves de cada Noviembre.
A raíz de eso decidí sentarme a escribir una lista de las cosas por las que me siento de alguna forma agradecido, y empecé bien, agradeciendo por lo más obvio como mi familia, mi salud, mi trabajo, y seguí recorriendo mentalmente otros aspectos de mi vida.
Una cosa llevo a la otra y de pronto tenia una lista tan grande que ya no era nada práctica, y tenía aun decenas sino centenares de cosas más por añadir.
La trampa de agradecer solo lo “bueno”
Entonces decidí detenerme. Era obvio que había muchas cosas “buenas”, así, entre comillas, en mi vida, por lo que decidí resumirlo en una sola frase que dijera “gracias por todo”.
Pero ahí mismo me di cuenta de que en esa versión del “todo” estaba dejando por fuera muchas cosas, simplemente porque mi punto de vista las calificaba como “malas”, también entre comillas.
Y un ejercicio que ya me estaba aburriendo cobró vida nueva y se volvió muy interesante.
Si de verdad quería seguir explorando valientemente esto era necesario que comenzara a incluir en esa lista cosas que no parecían muy buenas cuando sucedieron, pero que después demostraron ser un gran impulso en la dirección correcta.
Por ejemplo, el haber nacido en un país muy pobre y haber crecido viendo muy de cerca tantas limitaciones, podía verse como algo “malo”, pero gracias a eso tengo la perspectiva necesaria como para sentir un agradecimiento más intenso por la ausencia de esas limitaciones en mi vida y un sentido de propósito mas serio para hacer lo que pueda por cambiar de alguna manera esa situación en las personas que las sufren.