Hoy es mi cumpleaños.
Lo normal es recibir un montón de felicitaciones, incluso unos cuantos regalos y, con un poco de suerte, hasta una pequeña celebración.
Todo eso se agradece mucho, y es siempre una buena experiencia.
El hecho que parece pasar desapercibido para la mayoría es que en realidad no hacemos nada para que el planeta dé otra vuelta.
Va a ocurrir de todas maneras. Por eso el registro estadístico del año adicional debería estar garantizado, pero su celebración debería autorizarse solo si lo hemos merecido.
Si no, ¿cuál es el punto de celebrar el evento? ¿Qué estamos realmente celebrando?
En mi opinión solo deberíamos celebrar si hemos hecho lo suficiente para que esa vuelta haya sido de provecho para nosotros, para la experiencia de nuestra vida y la de las personas que comparten nuestro viaje.
Desde mi punto de vista no se celebra la vuelta al sol, sino lo que ocurrió en esa vuelta.
¿Aprendimos algo nuevo? ¡A celebrar! ¿Desarrollamos una nueva habilidad? Adelante con la celebración.
¿Experimentamos un buen éxito o un gran fracaso? Excelente, de eso se trata estar vivo, a celebrar.
¿Hicimos la diferencia en la vida de alguien? Celebremos con confianza. Incluso si no hemos llegado a ninguna meta, pero avanzamos hacia ella, la celebración se autoriza.
Para ser aún más flexibles, aun si todo lo que logramos es definir las metas a alcanzar, aunque no nos haya alcanzado el tiempo para dar el primer paso hacia ellas, la celebración debería autorizarse pues ya hemos hecho una de las partes más difíciles del camino de la vida: saber para dónde vamos.