El primer año de la segunda mitad

 

superman

Hoy completo el primer año de la segunda mitad de mi vida, y hay cosas que han cambiado tanto, que para todo efecto práctico puede considerarse como una vida diferente, aunque si se mira con cuidado se puede descubrir el hilo común que nació conmigo y hoy me sigue acompañando en el viaje.

No tengo un cuerpo nuevo como el que tenía al cumplir el primer año de la primera mitad, y de eso tengo dolorosos recordatorios de vez en cuando, pero al mismo tiempo, para muchas actividades importantes, puedo usar el cuerpo que tengo mucho mejor de lo que podia en aquel primer año.

En aquel momento dormía una cantidad enorme de horas al día (los médicos recomiendan 14 horas de sueño para el niño de un año). No recuerdo si soñaba mientras dormía, pero supongo que sí, y de esa manera es seguro decir que me dormía para soñar. Ahora que ya aprendí que los sueños no son cosas imposibles sino una especie de GPS que nos ayudan a llegar a donde queremos ir, sueño cuando me despierto y lo hago todo el día hasta cuando toca dormirse de nuevo.

Tampoco pregunto tanto si falta mucho para llegar, pues aprendí que cuando la compañía es la correcta, llegar es la parte más aburrida del viaje. Y también aprendí que está bien si a veces toca hacer cosas que uno no quiere hacer, como rendirse en algún emprendimiento o retirarse de una discusión, siempre que eso se mire como algo temporal, se aprenda todo lo que se pueda y se vuelva a intentar.

En el comienzo de mi primera mitad era un ávido buscador de Dios, y lo busqué por todos lados, pero solo encontraba a dioses menores, con sus dominios reducidos a iglesias, religiones o territorios específicos. En esta segunda mitad aún sigo buscando, aunque ya no tanto en libros “sagrados” como en la vida misma y entendí que el rito más importante no ocurre el domingo, sino cada minuto que respiramos. Interesante pues parece que ahí, justo detrás de las cortinas de los altares, esta lo que busco.

Cuando niño jugaba que era Superman y eso, por supuesto, es etapa superada. Ahora al inicio de esta segunda mitad, puedo decir con toda certeza que estoy seguro que lo soy. No porque tenga un físico perfecto, pueda volar o no me dañen las balas. Esas son tonterías de superhéroes de segunda categoría. Soy Superman porque después de 46 años de convivencia con todo tipo de peligros, tantas enfermedades, cientos de decepciones y muchas alegrías, éxitos y fracasos, altos y bajos, períodos de soledad y compañía, avances y retrocesos, aquí estoy firme e igual o incluso más ilusionado que como cuando apague esa primera vela al inicio de la primera parte de esta historia, intacto y con mucha cuerda que dar. En ese sentido todos somos superhéroes y por eso les deseo muchas felicidades, hoy y siempre.

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