Fútbol, cerveza y familia

Quien me conoce sabe que los deportes no están entre mis vicios. De hecho, mi monotemático enfoque en resultados hace que 99 de cada 100 veces los vea como una actividad que me distrae de lo que en realidad vine a hacer aquí.

Eso no significa que en 1981 no haya celebrado cuando la selección de fútbol de mi país calificó por primera vez en la historia a un mundial, llorado en el 82 cuando nos descalificó Yugoslavia o que aun sienta ganas de gritar gol cuando veo el gol de Pecho de águila contra el equipo anfitrión y contra todos los pronósticos. Recuerdo como si fuera ayer que en el 2009 estuve sin poder hablar bien como por una semana cuando EEUU empató a CR en tiempo de descuento y por ese resultado calificó a mi país a su segunda copa del mundo después de muchos años de espera. Por si se han olvidado de ese momento, aquí lo pueden revivir. La reacción de esos comentaristas profesionales refleja lo que estaba pasando en casi el 100% de los hogares hondureños en ese momento:

https://youtu.be/vhY-IbViJ20

Gracias al deporte, y a pesar de todo lo chocante que encuentro la forma en cómo se utiliza para manipular a la población para objetivos varios (desde forzarlos a comprar un modelo de tenis hasta distraerlos de las cosas realmente importantes), he vivido varios momentos emocionantes, y he obtenido más de un ejemplo de coraje, entrega y sacrificio, que se puede aplicar por igual a todos los campos de nuestra existencia.

Esta mañana tenía mi agenda llena y urgentemente debía ponerme al día con las cosas que no pude completar durante la semana anterior. Sin embargo, decidí poner todo en pausa, abrí una cerveza y me senté con mi esposa, dos hijos adolescentes y mi madre, a ver la final de la copa mundial de fútbol Rusia 2018. No se me ocurre mejor inversión para mi tiempo. Rápidamente me descubrí a mí mismo proyectado a mis veintes de nuevo, completamente concentrado en el juego, profiriendo generosamente los gritos y los insultos de rigor, abriendo otra cervecita, y luego otra, y luego disfrutando del final a pesar de que el equipo de mi simpatía (segundo solo después de Bélgica en esta copa), había perdido.

El mensaje de mi portacerveza en la foto es profundo. La vida está para disfrutar, disfrutar trabajando, disfrutar descansando, disfrutar pensando y disfrutar sintiendo. Tal vez nunca llegue a ser tan balanceado como quisiera, y eso está bien. Pero definitivamente será un buen cambio si me abro un poco mas a esos cortos momentos en los que no me esfuerzo tanto y simplemente disfruto. Salud!

IMG_1822

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